Dentro de la idiosincrasia propia que caracterizaba los cultos de las hermandades del Santo Rosario, tuvieron especial importancia las procesiones extraordinarias que estas corporaciones protagonizaban. Además de sus salidas diarias rezando la oración avemariana por su ámbito geográfico parroquial, distintos rosarios extraordinarios se sucedían a lo largo del año.

El mejor ejemplo de lo que decimos lo conformaban los rosarios de gala, vinculados a la festividad de la Sagrada Titular de la Hermandad y que ponían en la calle tanto los mejores enseres como un aparato barroco muy interesante con decoraciones efímeras, alfombras vegetales, fuegos de artificio y profusas iluminaciones de los templos. Dentro de esta categoría de rosarios extraordinarios también podemos citar a los de rogativas, los de acción de gracias y los de ánimas, constituyéndose estos hasta como novenas rezadas en la calle.

En esta tipología de procesiones también tenemos que mencionar, por lo que ahora nos interesa, a los rosarios penitenciales que tenían lugar, especialmente, en fechas de la Semana Santa.

De estos últimos tenemos varios ejemplos en nuestra ciudad. Así, sabemos que la Cofradía de la Virgen del Rosario de Churriana percibía interesantes ingresos por las luminarias y las limosnas recogidas en los rosarios públicos que celebraba el Jueves y Viernes Santo, por lo menos desde 1.765[1]. Además, su Sagrada Titular era cambiada de vestimenta, pasando al luto, “con un traje de damasco negro como Soledad”.

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Ntra. Sra. del Rosario, de Churriana, ataviada para la presente Cuaresma. Fuente: @VirgenRosario

Otra corporación que nos aporta interesantes datos sobre los rosarios públicos penitenciales en la Málaga del XVIII es el Rosario de la Concepción, de la Iglesia de San Juan. En este caso, se celebraba un rosario expresamente destinado a visitar el Monte Calvario en la jornada del Viernes Santo, por lo menos desde 1.763[2]. Igualmente, este rosario callejero también se celebraba por parte de esta Hermandad el día de Todos los Santos.

Al respecto, en un primer momento debemos señalar que se trataría de un claro ejemplo en el que la hermandad rosariana rebasaba el ámbito de la feligresía para desarrollar sus procesiones y llevar a cabo, además, la petición de limosnas a los devotos. Por otro lado, se ejemplifica así otro caso de peregrinación hacia este lugar de la ciudad, el Monte Calvario, que tanta predicación tuvo por lo menos desde 1.656, año en el que la Hermandad del Santo Cristo del Calvario, formada por terciarios de San Francisco de Paula, promovió el rezo del Vía-Crucis todos los viernes del año. No obstante, en el caso de la Hermandad de San Juan no tenemos constancia de que se rezaran precisamente las estaciones habituales, sino el Santo Rosario.

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Subida al Vía-Crucis en el Monte Calvario a principios del siglo XX. Fuente: Imágenes de un siglo en la Semana Santa de Málaga.

En relación con esta procesión podemos realizar varias precisiones. Por un lado, nos encontramos con un rosario de tipo extraordinario en toda regla. De esta manera, el cortejo se componía en base a la presencia de los hermanos llevando los habituales faroles de asta y de mano, y con la participación especial de cantores y músicos, como también ocurría en los rosarios de gala. Además, se imprimían esquelas que permitían anunciar la salida del rosario público.

Por otra parte, el Rosario de San Juan no utilizaba el tradicional estandarte o Simpecado como insignia principal dentro del cortejo para estas procesiones penitenciales. En este caso, las referencias son constantes a un Santo Cristo. Según los inventarios conservados, se trataba de “una cruz de madera negra, y en ella un Santo Cristo con corona, clavos y calavera de plata[3], hecha esta última en 1.777.

Esta imagen de pequeño formato contaba con un cierto ajuar, disponiendo así tanto de una segunda corona con rayos[4], un velo negro para taparlo en las fechas litúrgicas correspondientes, así como hasta nueve purezas que se le iban cambiando a lo largo del año, en colores morado, encarnado y blanco, y que eran regaladas por algunos miembros de la corporación. Entendemos que esta imagen de Cristo crucificado, además, estaría expuesta en la capilla que la Hermandad del Rosario tenía en San Juan recibiendo culto público, por tanto, ya que también disponía de una peana o repisa de madera de pino.

Se conformaban, por tanto, estos rosarios penitenciales como otra manifestación más de la religiosidad popular impulsada por este tipo de corporaciones, en este caso, adaptadas a un tiempo litúrgico concreto.

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[1](A)rchivo (H)istórico (D)iocesano de (M)álaga, legajo 404, pieza 2.

[2](A)rchivo de la (A)rchicofradía de los (D)olores de (S)an (J)uan. Lib. 27. Cuentas de la Cofradía del Rosario de San Juan. 1762-1793.

[3]AADSJ. Inventario del Rosario de San Juan. 1790-1821.

[4]AADSJ. Lib. 28. Cuentas de la Cofradía del Rosario de San Juan. 1795-1809.

Fotografía de cabecera de esta entrada: Ermita del Monte Calvario. Fuente: http://www.malaga.es

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