En la vida cotidiana de la Málaga de la segunda mitad del siglo XIX habían calado nuevas corporaciones de religiosidad popular que fueron enraizando en la sociedad del momento. Como ejemplo de lo que decimos se pueden citar a la Archicofradía del Culto Continuo a la Virgen, también conocida como Corte de María, o a la Congregación de la Madre de Dios y madres cristianas.

Frente a estas nuevas formas devocionales, otras corporaciones continuaban disfrutando de un claro arraigo en la sociedad malagueña decimonónica. Tal es el caso de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, establecida canónicamente en la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo El Real y que, como ya dijimos, hunde sus raíces en los primeros años del siglo XVI. Su Sagrada Titular es, sin duda, uno de los principales iconos devocionales históricos de la ciudad de Málaga.

Se sabe que, al menos desde los primeros años del siglo XIX, los puestos de gobierno de esta Cofradía estaban ocupados por mujeres, si bien bajo las directrices del capellán del convento dominico[i], circunstancia que se seguía produciendo a principios de la centuria siguiente. De esta manera, se puede afirmar con rotundidad que en la segunda mitad del siglo XIX esta Cofradía es plenamente activa en cuanto a sus cultos se refiere. Por ello, vamos a pasar a señalar algunos de los cultos que se celebraban a lo largo del año a la Virgen del Rosario, y que se encontraban lucrados con numerosas indulgencias.

Uno de los principales, sin duda, era el que tenía lugar todos los primeros domingos de cada mes. Además de la función correspondiente en la capilla de la Cofradía, se llevaba a cabo una procesión claustral con la imagen de la Virgen del Rosario[ii]. Todos los fieles que asistieran a la misma ganaban tres indulgencias plenarias si, además, visitaban su capilla habiendo confesado y comulgado[iii]. Además, la asistencia a los cultos de cada primer domingo de mes conllevaba lucrarse con otras dos indulgencias plenarias y otras tantas parciales, concedidas por diversos pontífices[iv].

La frecuencia de estos cultos, que se pueden documentar mes tras mes durante todo el período al que nos referimos, permitía que un numeroso elenco de sacerdotes predicase en los mismos. Así, por ejemplo, podemos citar a Francisco Lacalle, beneficiado de la Santa Iglesia Catedral de Málaga[v]; Vicente Ponte, cura propio de la Parroquia de Santo Domingo[vi]; o Manuel M. Llera, canónigo de la Catedral[vii].

Una festividad especialmente importante para la Cofradía era la de la Purificación de Ntra. Sra. La visita a su capilla el 2 de febrero, día en que se celebraba en ella una función solemne[viii], estaba lucrada con hasta ocho indulgencias plenarias, y con una adicional si se asistía a la procesión que se llamaba de las candelas[ix]. Seguramente, de un momento cercano a esta procesión es la conocida fotografía de la Virgen del Rosario, fechable en las primeras décadas del siglo pasado, en la que aparece en unas reducidas andas y con profusión de flores a sus pies, estando el Niño Jesús vestido con traje de cristianar y portando la Virgen en su mano derecha una vela de cera rizada decorada con una cinta de color y un pañuelo con un lazo.

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Imagen de Ntra. Sra. del Rosario en las primeras décadas del siglo XX, dispuesta para la procesión de las candelas. La Virgen se encuentra delante del altar de la Virgen de Belén. Fuente: Archivo de la Hermandad de los Remedios.

Aunque por su carácter letífico pudiera entenderse un poco alejada de la actividad cultual de la Cuaresma, durante todos los sábados de la misma se procedía al rezo de la salve solemne a la Virgen del Rosario en su capilla, además de al rezo del Santo Rosario todos los días de ese tiempo penitencial[x] con carácter previo a la misa.

Durante el mes de mayo se llevaban a cabo los ejercicios propios del Mes de María en distintos templos de la ciudad. Así, eran famosos entre los malagueños por su grandiosidad los que tenían lugar en la Aurora María y en la Aurora del Espíritu Santo. En la Parroquial de San Carlos y Santo Domingo se hacía lo propio a la Virgen del Rosario, titular de su Cofradía. Estos ejercicios del Mes de María tenían lugar todos los días del mes de mayo, con sermón del párroco o de otro presbítero[xi].

Debemos suponer que tenían especial importancia los cultos que la Cofradía tributaba a su Sagrada Titular por la festividad de la Asunción. Así, la prensa del momento los titulaba como los ejercicios que “anualmente se dedican à la Inmaculada Virgen Maria bajo la advocación del Smo. Rosario[xii]. La concurrencia de devotos debía ser especialmente importante toda vez que estos cultos se lucraban con importantes indulgencias. De esta manera, El Avisador Malagueño del 15 de agosto de 1854 señala que “los cofrades del Sto. Rosario que visiten la capilla de la cofradía desde las primeras vísperas de ayer hasta puesto el sol de hoy ganan indulgencia plenaria tanas cuantas veces practiquen esta diligencia. Hay además hoy concedidas para todos los fieles otras cinco indulgencias plenarias confesando y comulgando; una de ellas basta el propósito de confesar y comulgar para ganarla. Además, se ganan muchas indulgencias parciales por rezar hoy el Sto. Rosario o una de sus tres partes. Los cofrades impedidos o enfermos lo ganan todo rezando un parte de rosario, y haciendo propósito de confesar y comulgar cuando lo manda la Sta. Madre Iglesia”. El diario del 12 de agosto de 1864, además, apostillaba que estas indulgencias toties quoties se ganaban cuantas veces se renovaran las intenciones del cofrade, sin necesidad ni siquiera de salir de la propia capilla de la Virgen.

Pero sin duda alguna, el culto más esperado por todos los cofrades del Rosario de Santo Domingo era la novena a la Virgen, que comenzaba el sábado anterior al primer domingo de octubre. En este caso, también vuelven a concederse indulgencias plenarias, concretamente cuatro, por la asistencia a estos cultos[xiii]. Una de ellas, toties quoties, concedida por Pío V, dos por Gregorio XIII y la cuarta por Clemente VIII. De la novena a la Virgen del Rosario de Santo Domingo se editaron ejemplares por la imprenta de Francisco Gil de Montes en el año 1866[xiv].

Su hora de comienzo oscilaba entre las tres y las cuatro de la tarde de cada día, si bien en 1886 empezaba a las cinco. Además del ejercicio de la novena, se exponía a Su Divina Majestad.

Como predicadores de estos cultos principales de la Virgen del Rosario se pueden mencionar, a título de ejemplo, a Fray Félix María de Cádiz[xv], capuchino que tuvo gran predicamento en la época por los sermones que impartía en los cultos de distintas hermandades, y que a la postre fue designado Obispo de su ciudad natal; a José Rivas Pérez, capellán párroco del segundo batallón de Soria; o a Eduardo Domínguez, presbítero e inspector del Seminario conciliar y caudatario del Obispo de Málaga[xvi].

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Altar de la capilla de Ntra. Sra. del Rosario de Santo Domingo, antes de 1931. Fuente: Legado Temboury.

Sólo hemos podido documentar, hasta el momento, una salida procesional de la Virgen del Rosario fuera del templo parroquial durante la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de la que protagonizó la imagen el domingo 8 de diciembre de 1854, el mismo día en que Pío IX proclamaba el Dogma de la Inmaculada Concepción. Pero esta procesión tenía una finalidad muy concreta: impetrar la misericordia divina a través de la Virgen por la epidemia de cólera que se estaba padeciendo en la ciudad. Así, El Avisador Malagueño del 7 de diciembre señalaba que “el Clero parroquial de S. Carlos y Sto. Domingo ha dispuesto sacar el día 8 del presente à las doce y media del día en procesión de rogativas para aplicar la Ira Divina à la Ssma. Virgen del Rosario, por todo el ámbito de su feligresía. Se invita à fieles que quieran concurrir à este acto religioso”. Con carácter previo, a las diez de la mañana, se celebró una función a la Santísima Virgen, con la misma finalidad[xvii]. El cortejo de esta procesión estuvo compuesto por los Niños de la Providencia, los pobres aislados, eclesiásticos y los fieles en general; discurriendo todos ellos por una porción de calles de la feligresía de Santo Domingo[xviii].

Por este mismo motivo, la imagen de la Virgen fue objeto de una función especial durante la novena de ese año 1854[xix]. Al año siguiente, en 1855, tuvo lugar también la celebración de un novenario de rogativas a la Virgen del Rosario[xx], comenzando el 24 de julio y finalizando el 1 de agosto, para que se erradicara la epidemia de peste.

Además de para estos supuestos de falta colectiva de la salud, también se ha documentado un caso en que se celebró una acción de gracias a la Virgen del Rosario de Santo Domingo por haber devuelto la salud a una enferma[xxi].

Como venimos señalando a lo largo de esta entrada del blog, una de las principales características del culto tributado a la Virgen del Rosario, no sólo en esta época a la que nos referimos, si no a lo largo de los siglos, son las especiales gracias con las que ha sido lucrado el mismo. Además de que el altar de la Virgen del Rosario tiene carácter de privilegiado perpétuo, los sumos pontífices han venido otorgando indulgencias plenarias o parciales por las distintas celebraciones que llevaren a cabo las cofradías del Santo Rosario. En las líneas precedentes ya hemos señalado algunas. Además de ésas, en el caso malacitano hemos podido constatar como en la segunda mitad del siglo XIX las cofrades, y fieles malagueños en general, se lucraban de las siguientes indulgencias, visitando la capilla de la Cofradía y cumpliendo previamente con los requisitos normales de obtención de aquellas:

  • el domingo infraoctavo de la Epifanía, una indulgencia plenaria[xxii];
  • en la Encarnación, cinco indulgencias plenarias[xxiii];
  • por la festividad de Santiago Apóstol, una indulgencia plenaria[xxiv];
  • por la Natividad de la Virgen María, cuatro indulgencias plenarias[xxv];
  • por el Dulce Nombre de María, tres indulgencias plenarias[xxvi];
  • en la festividad de Ntra. Sra. de las Mercedes, dos indulgencias plenarias[xxvii];
  • por la Inmaculada Concepción de la Virgen, tres indulgencias plenarias[xxviii];
  • el día de la Santísima Trinidad, indulgencia plenaria toties quoties, tanto para cofrades como para fieles en general[xxix];
  • el Domingo de Pentecostés, una indulgencia plenaria[xxx];
  • la festividad del Patrocinio de Ntra. Sra., dos indulgencias plenarias[xxxi];
  • en la Ascensión, una indulgencia plenaria[xxxii];
  • el Domingo de Resurrección, una indulgencia plenaria[xxxiii];
  • en el Corpus Christi, una indulgencia plenaria[xxxiv];
  • Jueves y Viernes Santo, una indulgencia plenaria[xxxv].

Además de lo anterior, no debemos olvidar que, durante su pontificado -1878 a 1903-, León XIII concedió numerosas indulgencias a los fieles que rezasen el Rosario. Este hecho se conformaría como una verdadera campaña de extensión del rezo de esta oración. Así, especialmente significativa fue su Encíclica Superiore Anno, de 30 de agosto de 1884, y en base a la cual se pretendía que en todos los lugares del orbe católico se celebrase el rezo solemne del Santísimo Rosario, todos los días del mes de octubre. Eco de ello se hizo la prensa malagueña de ese mes del año 1885 cuando hablaba de los cultos que tenían lugar a las imágenes de la Virgen del Rosario de los distintos templos de la ciudad[xxxvi].

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Ntra. Sra. del Rosario, ataviada para sus cultos de 2017 por Alejandro Guerrero. Fotografía propiedad de Alejandro Guerrero.

Por lo demás, queremos señalar dos notas curiosas referentes al culto a la Virgen del Rosario de Santo Domingo que hemos localizado. En septiembre de 1856, pensamos que, por la cercanía de la celebración de la novena de la Virgen, la prensa publicaba la siguiente noticia: “No pasa día sin que hallemos nuevos motivos que avecen el justo aprecio de nuestras bellas compatriotas. Hácenos espresar asi hoy la noticia que se nos dá de que ciertas señoritas que cuidan por devoción de vestir la imagen de la Ssma. Virgen que bajo la advocación del Rosario se venera en la Iglesia de Sto. Domingo, han concebido la piadosa idea de escitar la munificencia de los que puedan egercerla con el loable fin de reponer las vestiduras hoy ecsistentes con otras dignas del objeto de que se ocupan. Al intento tratan de invitar á los señores eclesiásticos D. José Delgado, D. Francisco Prolongo y D. Salvador Barzo, para que como propio de su estado, se presten á percibir las limosnas que sean recolectadas. Convencidos, como lo estamos, de que las sumas destinadas al culto en compatibilidad á las atenciones que pesan sobre el Erario del Estado, apenas cubren las necesidades parroquiales, aplaudimos el pensamiento que tanto honra al concepto de religiosa que comprobado tiene esta ciudad[xxxvii].

Como segunda noticia que, pensamos, es curioso citar, El Avisador Malagueño del 25 de septiembre de 1864 señalaba como el día anterior, a las ocho de la mañana, la joven hebrea Side Dengalli recibió las aguas bautismales y su primera comunión en la capilla de la Virgen del Rosario, dentro de una ceremonia con gran pompa y solemnidad. Sus padrinos fueron el Excmo. Sr. Gobernador, Joaquín Alonso, y su hija Joaquina. La “neófita” tomó el nombre de María de las Mercedes, Joaquina, Teresa, Agustina, Fermina, Antonia, Obdulia, Emilia, Vicenta de Paul. Tras la misa se celebró un almuerzo en la Junta Provincial de Beneficencia. La dote de la bautizada se conformó por 900 reales que dio el Gobernador y otros 100 que aportó el cura de los Santos Mártires[xxxviii].

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[i] RODRÍGUEZ DE TEMBLEQUE GARCÍA, Susana. Hermandades parroquiales y cofradías de mujeres en la Málaga de principios del siglo XIX, en La Saeta de Otoño, nº 46, año 2010. Órgano oficial de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga. Págs. 178-185.

[ii] El Avisador Malagueño. 6 de febrero y 5 de junio de 1853.

[iii] El Avisador Malagueño. 2 de marzo de 1865.

[iv] El Avisador Malagueño. 3 de mayo de 1873, y (A)rchivo (D)íaz de (E)scovar, Sumario de indulgencias de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario del Real Convento de Santo Domingo. 1768.

[v] El Avisador Malagueño. 1 de junio de 1862.

[vi] El Avisador Malagueño. 3 de abril de 1869.

[vii] El Avisador Malagueño. 4 de abril de 1875.

[viii] El Avisador Malagueño. 31 de enero de 1863.

[ix] El Avisador Malagueño. 1 de febrero de 1854 y 1 de febrero de 1861.

[x] El Avisador Malagueño. 1 de abril de 1886.

[xi] El Avisador Malagueño. 30 de abril de 1861, y La Unión Mercantil. 30 de abril de 1887.

[xii] El Avisador Malagueño. 14 de agosto de 1863.

[xiii] El Avisador Malagueño. 5 de octubre de 1855.

[xiv] (A)rchivo (P)rivado (Z)apata. Novena Sagrada à María Ssma. del Rosario del Real Convento de Santo Domingo. Málaga. 1866.

[xv] El Avisador Malagueño. 6 de octubre de 1861.

[xvi] El Avisador Malagueño. 4 de octubre de 1862.

[xvii] El Avisador Malagueño. 8 de diciembre de 1854.

[xviii] El Avisador Malagueño. 9 de diciembre de 1854.

[xix] El Avisador Malagueño. 30 de septiembre de 1854.

[xx] El Avisador Malagueño. 24 de julio de 1855.

[xxi] El Avisador Malagueño. 6 de septiembre de 1855.

[xxii] El Avisador Malagueño. 1 de agosto de 1853.

[xxiii] El Avisador Malagueño. 23 de marzo de 1866.

[xxiv] El Avisador Malagueño. 25 de julio de 1853.

[xxv] El Avisador Malagueño. 8 de septiembre de 1853.

[xxvi] El Avisador Malagueño. 7 de septiembre de 1865.

[xxvii] El Avisador Malagueño. 22 de septiembre de 1865.

[xxviii] El Avisador Malagueño. 8 de diciembre de 1853.

[xxix] El Avisador Malagueño. 11 de junio de 1854.

[xxx] El Avisador Malagueño. 26 de mayo de 1855.

[xxxi] El Avisador Malagueño. 11 de noviembre de 1855.

[xxxii] El Avisador Malagueño. 5 de mayo de 1864.

[xxxiii] El Avisador Malagueño. 11 de abril de 1865.

[xxxiv] El Avisador Malagueño. 12 de mayo de 1869.

[xxxv] El Avisador Malagueño. 1 de abril de 1874.

[xxxvi] El Avisador Malagueño. 6 de octubre de 1885.

[xxxvii] El Avisador Malagueño. 10 de septiembre de 1856.

[xxxviii] El Avisador Malagueño. 25 de septiembre de 1864.

Fotografía de cabecera de esta entrada: Capilla del Rosario de Santo Domingo, antes de 1931. Fuente: Legado Temboury.

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