El sabio refranero español atesora expresiones que se han ido conformando a lo largo de los siglos y que han tenido su origen en determinados hechos que se producían en la vida cotidiana. “Acabar como el rosario de la aurora” es una de las que utilizamos con alguna frecuencia y que podría tener su origen en los conflictos, hasta cierto punto habituales, que las hermandades del Santo Rosario protagonizaban en las procesiones que tenían lugar antes del amanecer.

Para comenzar a ilustrar estas notas históricas sobre las hermandades del Santo Rosario vamos a hacer mención a un pleito que mantuvieron la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de la iglesia conventual de Santo Domingo y la Congregación del Rosario de Ntra. Sra. de la Concepción, de la parroquial de San Juan Bautista[i]. Y es que, como se verá en otras entradas de esta web, las rencillas públicas entre este tipo de hermandades estaban a la orden del día en la Málaga del siglo XVIII.

De esta forma, el 21 de noviembre de 1786 Fray Nicolás Velasco, Prior del Convento de Santo Domingo, da cuenta a los demás miembros de la comunidad, que se encontraban reunidos en su celda prioral, del pleito que el padre lector de ese cenobio, Fray Miguel de Villalba, a la sazón capellán de la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, había mantenido contra los mayordomos de la Congregación del Santo Rosario de San Juan, Francisco Morales, y Pablo y Antonio de la Cruz.

Este pleito traía causa de los disturbios que se produjeron en la calle tras un encuentro entre ambas cofradías. La pretensión del capellán de la Cofradía del Rosario se concretaba en que se corrigiesen los excesos provocados por los mayordomos del de San Juan. Teniendo en cuenta que el itinerario seguido por este último Rosario abarcaba las calles inmediatas al Convento de Santo Domingo, no sería descabellado pensar que la riña se produciría en una de estas vías.

En base a la demanda original, que no consta en el expediente, D. Antonio García de la Cámara Maroto, que actuó como Juez Eclesiástico en este caso y que además era Provisor y Vicario General del Obispado, dictó providencia definitiva contraria al capellán de la Cofradía de Santo Domingo, imponiéndole varios apercibimientos, condenándole en costas y estableciendo que ningún fraile del Convento acompañase al Rosario, para que éste saliese sólo con los cofrades. No contentos con esta resolución, lógicamente, el Convento de Santo Domingo dio poder bastante a D. Julián García Valenzuela y D. Juan Nepomuceno de Bustos, procuradores de la Real Chancillería de Granada, para que continuasen con el pleito en su nombre y representación.

El primero de ellos, el 11 de diciembre de ese año, declara que la Cofradía del Santo Rosario salía de su iglesia bien de día o a primera hora de la noche, presidiéndolo el capellán del Convento, Fray Miguel de Villalba. Además, el procurador protesta enérgicamente en su declaración frente a la resolución del Provisor del Obispado por ser aquella costumbre en base a la cual un fraile dominico acompañaba y presidía la procesión una “posesión inmemorial qe se observa en todas partes”.

Por su parte, los hermanos mayores y mayordomos del Rosario de San Juan anteriormente señalados, así como Juan González, celador de la Congregación, dan poder para pleitos a D. José Jiménez Savater y D. Manuel de Luey Guzmán, también procuradores de la Chancillería, el 4 de enero de 1787.

La sentencia de la Chanchillería de Granada no se haría esperar, dictándose el 17 de marzo de ese mismo año, y siendo notificada a los procuradores designados por el Convento. En ella, el tribunal confirmaría la resolución del Provisor del Obispado, no aceptando las alegaciones presentadas por los representantes del convento dominico sobre el supuesto de hecho en que se basaba este pleito. No obstante, al convento y a la Cofradía quedaba la posibilidad de seguir acudiendo a las sucesivas instancias, como pensamos que ocurriría, dado que en los estados de gastos de la contabilidad de la Congregación del Rosario de San Juan existen apuntes económicos por lo invertido en este pleito hasta el año 1788. Y no eran, precisamente, cantidades pequeñas dado que a los 638 reales que importó este asunto judicial en 1786, habría que añadir los 1124 reales en el año 1787, o los 125 reales y 17 maravedís del año 1788[ii]. Hasta los devotos y hermanos del Santo Rosario de San Juan daban limosnas con las que sufragar estos gastos, como fueron los 48 reales que se recibieron en 1788.

Esta cuestión económica, sin duda, sería una de las causas para que en ese año de 1788 se otorgase escritura pública por la que el Rosario de San Juan transigía a las pretensiones de Fray Miguel de Villalba, escritura que se dio a conocer en el cabildo de elecciones de hermano mayor, mayordomos y demás oficiales del Rosario de San Juan de 6 de julio de 1788.

Aún no hemos podido localizar esta escritura de concordia entre ambas corporaciones, pero sí sabemos que, quizás como consecuencia de la misma, el Rosario de San Juan tomó parte en la procesión de la Cofradía de Santo Domingo en 1789.

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[i] Archivo de la Real Chancillería de Granada, caja 442, pieza 9.

[ii] Archivo de la Archicofradía de los Dolores de San Juan. Lib. 27. Actas y cuentas de la Cofradía del Rosario de San Juan. 1762-1793.

Fotografía de cabecera de esta entrada: caja 442, pieza 9, del Archivo de la Real Chancillería de Granada.

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